EL PESO DEL MITO.
DE LA GINECOCRACIA A LA NUEVA LECTURA DE LA IDENTIDAD CÁNTABRA. UN ESTUDIO
DE ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA
Ignacio Fernández de Mata
Universidad de Burgos. España
Los cántabros, viejos habitantes prerromanos ubicados
al norte de la meseta superior española –con unos límites imprecisos que los
sitúan, por la costa cantábrica, entre la desembocadura del río Sella a occidente
y un espacio entre los ríos Asón y Agüera a oriente, proyectándose hacia el
sur sobre parte del actual territorio asturiano, cántabro, el norte leonés,
palentino y burgalés–, eran gentes de las alturas montañosas, con una economía
centrada en la ganadería extensa semitranshumante, con algún apoyo agrícola
menor, suficiente, dada su relación con los colectivos llaneros –vacceos,
turmódigos y autrigones– cerealícolas con los que intercambiaban productos,
bajo la configuración de lo que el profesor García González ha dado en llamar
ecosistemas geminados compensados[1]. Ocasionalmente, movidos por las necesidades que marcó
la coyuntura histórica se dedicaron al mercenariado. Cuando sus relaciones
con los colectivos llaneros se vieron interferidas por terceros –Roma–, se
abastecieron de los productos que antes intercambiaban por medio de la rapiña.
El registro documental.
Los más importantes datos sobre los cántabros los
hemos recibido del libro III de la Geografía de Estrabón, fuente que
ha sido definida como “la más completa, rica y compleja de entre las que la
Antigüedad nos ha legado para introducirnos en la realidad hispana en un momento
de tránsito entre lo prerromano y romano”[2].
Muy a menudo se ha señalado la presencia de elementos “incoherentes” en esta
obra, cuestiones que parecían casar mal entre sí, a veces hasta contradictorias.
Habitualmente la crítica ha interpretado estos disensos[3] fruto de la suma de materiales
diversos que el geógrafo usó para la confección de tan magna obra, y también
por manipulación interesada de los datos buscando con ello resaltar tales
o cuales características, que en lo básico se relacionan con su autocomplacencia
grecorromana –de hecho se ha llegado a definir la Geografía como una
etnografía de la romanización[4]-. Sin embargo, otros estudiosos han llamado la atención
sobre la metodología estraboniana como un auténtico método científico, sometiendo
sus fuentes a un contraste crítico[5]
y aun discutiéndolas cuando se muestran irreconciliables entre sí. Tachado
por algunos como divulgador, Estrabón acomete un empeño titánico: la
descripción de todo el mundo conocido. Ha viajado por el Mediterráneo y conoce
otros paisajes y costumbres, de modo que aunque su labor es fundamentalmente
de gabinete hay por detrás una necesaria experiencia del viaje y de
la percepción de los contrastes que contribuye a enriquecer su posición compendiadora
y narrativa. Consideramos que tras la lógica expurgación de los elementos
más narcisistas y etnocéntricos[6] del texto -conocida su posición ensalzadora de la virtud civilizadora
romana-, sometido a una crítica etnohistórica[7],
atendiendo a los problemas de traducción de realidades ajenas, en la información
estraboniana sobre los pueblos del norte subyace mucha mayor coherencia de
lo reconocido tradicionalmente.
En lo que a nuestros momentáneos intereses se refiere
–la organización socio-familiar–, hay un elemento que parece contribuir notablemente
a la confusión: el supuesto y afamado matriarcalismo cántabro, apoyado en
elementos como el tipo de matrimonio, el régimen de herencia, la práctica
de costumbres descritas en la Geografía como la covada, o el activo
papel social de la fémina, protagonismo y noticias que parecen contradecir
lo que debería ser el comportamiento de una sociedad patrilineal. Pero, ¿es
cierta esta contradicción? ¿hasta qué punto las noticias que de estas gentes
tenemos forman un sistema coherente con su filiación indoeuropea y las expresiones
de los textos históricos?
La forma de organización que Estrabón define para
estos pueblos montaraces es la de la suggeneia, término muy discutido en su
extensión aunque se acepta mayoritariamente que se refiere a una unidad de
parentesco, al frente de la cual se situaría el patriarca o pater familias.
Dice Estrabón (III,3,7) que era, reunida la syngéneia, cuando comían colectivamente[8]. Se ha querido ver en estos banquetes una relación
política de gran extensión aunque el texto más parece hacer relación a comidas
rituales y festivas, expresando un tipo de jefatura parentelar –pues se sientan
según edad y jerarquía–, de constatación simbólica de tal orden, con cierto
valor redistributivo de bienes preciados escasos –caso del vino–. Suscribimos,
pues, la interpretación de Tranoy[9] cuando dice que «la syngéneia
comprende la noción de familia en un sentido más amplio que la célula de base
fundada en las relaciones inmediatas entre los padres y los hijos; forman
parte de ella todos aquellos que están ligados a un mismo origen, a un ancestro
común fundador del génos. Es sobre los lazos de sangre sobre los que
reposa esta comunidad familiar». Del predominio masculino nos habla el hecho
de que sólo bailen los hombres en tales fiestas, pues cuando lo hacen las
mujeres –como en Bastetania– así queda reflejado (Str. III.3.7).
Sumemos otro párrafo del geógrafo de Amasia para
refrendar esta imagen, aquel en que afirma: «Algunos dicen que los calaicos
no tienen dioses, y que los celtíberos y sus vecinos del norte [cursivas
nuestras] hacen sacrificios a un dios innominado, de noche en los plenilunios,
antes las puertas, y que con toda la familia danzan y velan hasta el
amanecer» (III.4.16). Una reiteración más de ese carácter fundamental de la
estructura familiar extensa, receptáculo de los principales ritos sagrados.
Una de las cuestiones más conflictivas de este pueblo
viene por la determinación del papel de la mujer en su sociedad, de auténtico
protagonismo[10], que ha llenado de sorpresa
a todas las generaciones de estudiosos, lo que desde posiciones historiográficas
caducas se hacía incomprensible a sus ojos si no era fruto de una clara ginecocracia
o matriarcado. Las expresiones referentes al matrimonio, la dote, herencia,
covada o su valentía en la guerra han sido el sostén de tales interpretaciones.
Esta visión matriarcalista parecía, por tanto, contradecirse ampliamente con
un supuesto origen indoeuropeo, lo que convertía a estos cántabros en detentatarios
de aquella fase primigenia del evolucionismo fruto de una promiscuidad sexual
que no permitía conocer al padre, descansando todo el peso social sobre la
figura de la madre.
Hay cuatro elementos importantes sobre la cuestión
matrimonial:
1) se casan igual que los griegos (Str. III.3.7).
2) los maridos/hombres/l’époux (Meana/Gª Bellido/Lasserre)
entregan dote a sus mujeres ( Str. III.4.18).
3) las hijas/mujeres/les filles (Meana/Gª
Bellido/Lasserre) quedan como herederas (Str. III.4.18).
4) los hermanos son entregados por sus hermanas
a sus esposas. (Str. III.4.18).
El punto primero, la manera, deja abierta dos tipos
de posibilidades interpretativas: una, la referente a la monogamia, y otra,
a los ritos nupciales –por la que se decantan Caro Baroja o Peralta[11] entre otros[12]-. No es posible añadir mucho más al respecto.
En cuanto al segundo y tercero, aun cuando el propio
geógrafo califica estas tres últimas cuestiones como una suerte de ginecocracia,
no creemos que sean indicio de mayor matriarcalismo que el debido a la especialización
económica de los sexos, razón del supuesto igualitarismo social o al menos
de la alta valoración social de la mujer: mientras los hombres se dedicaban
a la guerra y la ganadería, a las mujeres les quedaban las fundamentales tareas
de la recolección/agricultura y trabajos domésticos[13]. Por tanto, en lo tocante a la herencia, no se da exactamente
una transmisión uterina de la tierra, aunque es la permanencia de la mujer/esposa
en ella la que valida su posesión. ¿Cómo? Creemos que esta transmisión sería
no como herencia directa, tal y como parece desprenderse de la afirmación
del griego, pues en un régimen patrilineal la transmisión no puede recaer
más que en los varones, sino que habría que concebirla en dos tiempos. El
primero de estos tiempos viene marcado por el hecho de ser el hombre el titular
de unos bienes necesarios para la supervivencia familiar pero que no serán
explotados por sus manos, sino por las de sus mujeres. Por tanto, el sentido
de esta “dote” masculina sería el de traspasar sus derechos territoriales
a su esposa, habida cuenta que ella se integra en el linaje del marido[14]. Él, como detentatario de unos derechos sobre
la tierra, hace uso de ellos hacia la mujer. Tales derechos podrían venir
por su simple pertenencia de nacimiento o por el éxito demostrado en sus incursiones
guerreras, cuyas hazañas y pillaje proveerían de otros bienes al colectivo
de doble valor: el puramente económico y el del prestigio[15], socialmente reconocido incluso
en los espacios colectivos como los banquetes. Serían, paradójicamente, las
mujeres las defensoras de los intereses del patrilinaje al asegurar con su
permanencia y trabajo los bienes del “territorio familiar”, como fedatarias
de los mismos mientras los hombres se ausentan por sus actividades ganaderas
y guerreras. Así puede entenderse el que los hombres las doten. La propiedad
–nominal– de las tierras no es privada sino del linaje, linaje masculino,
por eso Estrabón usa el plural «los hombres/los maridos» son los que dotan.
De los dos tiempos sugeridos, el último, el que las mujeres hereden, desde
nuestra interpretación no responde a ser nombradas titulares de los bienes
sino a ser finalmente las receptoras usufructuarias de los mismos.
En cuanto al cuarto punto, tenemos que la mujer,
además de las tareas caseras, es la responsable de las vinculadas a la recolección,
el cuidado del huerto y el alimento del ganado doméstico, es decir, un elemento
importantísimo en la configuración del complejo económico familiar. Según
recoge Bermejo[16], este interés
económico está en la base de los pactos matrimoniales, de manera que se generaría
un interés suficiente de cara al intercambio[17] de hombres y mujeres atendiendo a la lógica
exogamia de grupo, fortalecedora de las relaciones externas. Este intercambio
matrimonial equilibrado entre los grupos de hombres y mujeres que dan respuesta
a sus mutuas necesidades económico-sociales, conlleva la adopción de una pauta
de alianza basada en el matrimonio preferencial entre primos cruzados, fórmula
necesaria una vez que los intercambios se perpetúan más allá de dos generaciones[18]. Esta interpretación coincide con la expresada
por Benveniste como modelo matrimonial dominante en las primitivas sociedades
indoeuropeas[19].
A juicio de Bermejo este sistema de matrimonio entre
primos cruzados debería haber sido matrilineal[20], ya que intenta justificarlo con las menciones al avunculo
y la matertera que se dan en las lápidas vadinienses y de Monte
Cildá –siguiendo los estudios de Lomas y Barbero y Vigil–, con lo que Peralta
cree que incurre en una contradicción, que no es tal si consideramos que el
avunculado es característico de las sociedades patriarcales indoeuropeas[21]. Por lo tanto, una aproximación más a la posibilidad
de un sistema familiar a partir del modelo omaha, que da claro protagonismo
al parentesco de línea materna dentro de su organización en patrilinajes.
Bermejo defiende que «la existencia de un sistema de este tipo [sistema estructural
de matrimonio entre primos cruzados] no tendría nada de extraño (…) si consideramos
la posibilidad de que ese fuese el modelo matrimonial dominante en las primitivas
sociedades[22] indoeuropeas».
Sobre este matrimonio con primos hay una importante
pista etnográfica algo más tardía, que no suele considerarse al constituir
un leve comentario, como a vuelapluma, en un texto que recoge San Braulio
sobre la prédica de San Millán a los cántabros reunidos en Amaya. Allí de
entre otros muchos delitos y pecados, el santo les acusa de algo de gran interés
para nosotros: de ser incestuosos[23].
¿Qué significa en el siglo VI ser “incestuoso” a
ojos de un clérigo? Es en el siglo IV cuando la Iglesia comienza a establecer
las nuevas directrices sobre el matrimonio, condenando prácticas como el levirato
y sororato, el matrimonio con la hija del hermano o entre primos. Estas prácticas,
que habían sido usuales en todo el arco mediterráneo –de hecho los romanos
reconocían a los primos próximos como cónyuges potenciales–, pasan a ser condenadas
como incasta, de incestuosos.
Es Jack Goody quien nos pone sobre la pista: «Los
matrimonios entre parientes próximos pueden entenderse como una consolidación
de las relaciones más amplias entre parientes, sobre todo dentro de los grupos
de parientes. La Iglesia estaba interesada en debilitar estos lazos más amplios,
fueran relaciones de clan o de parentesco, para que no amenazaran su creciente
control de la población[24]
y capacidad para recibir donaciones. El matrimonio entre primos y entre otros
parientes puede tener estos dos efectos, dado que mantiene firmemente unidas
la familia y las propiedades en lugar de dispersar los lazos y las propiedades».
Lo que resulta perfectamente congruente para el sistema social cántabro.
Goody recuerda cómo se dio en varios ámbitos esta
percepción de lo incestuoso: por San Agustín, arzobispo de Canterbury, o San
Aubin en la Galia oriental –en idéntico siglo que San Millán–, quien recoge
cómo los señores de aquella zona francesa se casaban con su hermana o su hija,
aclarándonos el antropólogo británico que aquellas eran “hermanas clasificatorias”,
por tanto, primas o sobrinas, y esta es la clave para entender el sentido
del término incestuoso de San Braulio: entre los cántabros existía todavía
un tipo de matrimonio preferencial con la prima cruzada.
Ciertamente la Iglesia estaba
tratando de romper con el pasado, fracturando los antiguos grupos de parentesco,
«sobre todo contra los linajes o clanes patrilineales. Estos grupos podían
ser una amenaza para la obra de la Iglesia y en especial para la acumulación
de fondos; era preferible un sistema de parentesco indiferenciado, compuesto
de grupos cognaticios conformes a las enseñanzas de la Iglesia, en contraposición
a los agrupamientos agnaticios que existían en la Roma antigua y que parecen
haber tenido un renacimiento parcial después de la Edad Media[25]»,
aunque esto último supone adelantar ya cuestiones posteriores. Lo que por
ahora nos interesa retener es ese elemento incestuoso que contribuiría a reforzar
la hipótesis del matrimonio preferente entre primos cruzados; por tanto, si
no un elemento probatorio al menos contribuye a aumentar las sospechas de
la adecuación omaha.
Más elementos que contribuyen a fijar la importancia
del patrilinaje son las menciones estrabonianas a la costumbre de la covada
y el delito de parricidio.
En cuanto a la primera,
ya está suficientemente probado cómo este rito, que hasta fechas recientes
se ha tenido como expresivo del matriarcado, es una práctica usual en pueblos
de carácter patrilineal, como los propios celtas irlandeses. En la covada
(Str III,4,18) hemos de ver más allá que el acto de reconocimiento de la paternidad,
de la relación padre-hijo; es ante todo, como rito de filiación, un rito de
adscripción al patrilinaje, reconciliando, en definitiva, los riesgos del
tipo de vida masculino y la defensa de la gran familia, –dado que podría ser
practicado incluso por un varón diferente del genitor–. Por tanto, un rito
de inicio vital, el simbólico nacimiento del nuevo vástago a la estructura
familiar, por vía masculina.
La cuestión del parricidio es doblemente interesante
por llevar aparejada el elemento territorial, pues Estrabón nos señala cómo
la lapidación de los parricidas se llevaba a cabo más allá de ciertos límites[26]. El parricidio atenta contra los pater familias,
los linajes, en definitiva contra todo el orden social. ¿Qué más terrible
delito social puede cometer un hombre que acabar con la vida de los jefes
del linaje, de las autoridades parentelares de la syngéneia? La expresión
del griego conlleva la lapidación del criminal fuera del territorio familiar,
lo que muestra que hace falta una comprensión amplia y elaborada de la familia
como fórmula de organización social para que lleve aparejada a sí un territorio
y un claro sentido jurídico[27] del mismo.
Las fuentes arqueológicas.
Además de los conocidos
pasajes de las fuentes grecolatinas, tenemos los testimonios epigráficos,
lápidas y teseras, que antes que aclarar el panorama contribuyen a la discusión
y el desacuerdo, básicamente por tomarlos –creemos– demasiado “al pie de la
letra”. El mayor esfuerzo interpretativo a que se han sometido tales fuentes
viene a ajustar el texto sobre la base de las numerosas abreviaturas que llevan,
y a menudo prescindimos de un dato fundamental a todo análisis etnohistórico:
y es que estas manifestaciones son un producto elaborado en época republicana
e imperial –por lo tanto, afectados por posibles contaminaciones–y en un idioma
ajeno al origen de la realidad etnográfica descrita –el latín–.
Hay un problema de interpretación
en muchas de estas lápidas que recogen en sus textos el recuerdo o memoria
de parientes fallecidos. En ellas encontramos habitualmente expresada la filiación
a través del padre, en justa correspondencia con la patrilinealidad, aunque
las peculiares estelas de los cántabros vadinienses parecieron, durante un
tiempo, contribuir a la hipótesis del matriarcado norteño. Pocos se han planteado
que pudiera haberse cumplido una vez más el aserto de tradutore tradittore,
por cuanto que la realidad contenida en las expresiones latinas no parece
ser la misma que la conocida por otros datos de estos colectivos indígenas[28]. ¿Cómo interpretar los escasos y tan discutidos
textos que incluyen al avúnculo o la matertera? y ¿por qué tan
escasos y circunscritos a un grupo tan particular como el de los arcaizantes
cántabros vadinienses?
De las inscripciones epigráficas
cántabras se suelen diferenciar dos grandes grupos, el de las estelas vadinienses,
por un lado, y las inscripciones de Peña Amaya y Monte Cildá, por otro. En
el caso de las vadinienses, encontramos mayoritariamente el nombre del padre
en genitivo –elemento filiativo–, y en seis de ellas menciones que se han
querido ver como significativas de instituciones matriarcales: cinco dedicadas
al tío materno[29] -avunculus-, y una en
la que los dedicantes son unos nepotes[30].
En cuanto al grupo de Peña
Amaya (Burgos) y Monte Cildá (Palencia), por contraste con las anteriores,
en la mayoría de ellas no se expresa la filiación paterna, y lo que abunda
son dedicatorias de madres a hijas e hijos y de hijos e hijas a madres. Hay
quien[31] ha querido recientemente seguir viendo en esto
evidencias del famoso matriarcalismo cántabro. A nosotros nos lleva,
sin embargo, a insistir en la relación de proximidad afectiva de la madre
con sus vástagos, habida cuenta de su permanencia al frente de la explotación
doméstica, y que tales expresiones no hacen referencia directa como sistema
adscriptivo a la filiación.
De entre las lápidas de
Monte Cildá hay dos inscripciones que se pretendían sintomáticas de ese matriarcado:
la que un tal Anino dedica a su matertera[32],
y la que Anna hace a su avunculo[33].
Este continuo intento de convertir en matriarcal tales expresiones no viene
sino de la incomprensión antropológica de los sistemas de parentesco, toda
vez que, como ha sido largamente constatado, ningún grupo es estrictamente
unilineal prescindiendo de relaciones familiares con el otro segmento. Tomar
estos casos, tan abusivamente minoritarios frente al resto de datos epigráficos
–sólo una vez aparece la matertera-, puede resultar doblemente engañoso,
por su exacerbación, por un lado, y, por otro, por confusión sobre el funcionamiento
de los sistemas de parentesco. Es sabido cómo la presencia del avúnculo está
perfectamente constatada en grupos de filiación patrilineal. Por otro lado,
existen otras inscripciones que aumentan la sospecha de la existencia de la
familia extensa patrilineal[34] que venimos defendiendo, como muestra el caso de la estela vadiniense[35] de Lois, dedicada por un cognatus,
esto es, un pariente consanguíneo. No somos partidarios, pues, de la teoría
de la coexistencia de un sistema matrilineal con otro patrilineal, como algunos
ha defendido para este área.
Para la conciliación de
algunas de estas menciones tan llamativas, consideramos necesario reconocer
el posible equívoco producido por el traslado de las realidades indígenas
a la lengua latina, que, como vemos, no presentan situaciones homogéneas,
sino particularidades difícilmente explicables y que no resisten sólidamente
la crítica científica. En este sentido puede resultar muy iluminador acudir
al método comparativo, pues entendemos que en el caso que presentamos a continuación
subyace una gran similitud de origen y de forma que podría contribuir a dar
alguna luz sobre la situación que transmiten las inscripciones del área indoeuropea
hispana: el censo eslavo de 1698.
El magnífico trabajo de
E.A. Hammel y Kenneth W. Wachter[36] analiza el censo realizado en
la Eslavonia austríaca, en 1698, un documento que parecía mostrar que entre
los eslavos alpinos no existía –a diferencia del resto de vecinos de su entorno–
la tradicional gran familia eslava de ascendencia indoeuropea, la zadruga,
documentándose mayoritariamente entre aquellos la fórmula de la familia nuclear.
La utilización por parte de estos dos investigadores de informes etnográficos
e historiográficos puso en evidencia una profunda tergiversación de los datos
por obra de los recopiladores del siglo XVII, quienes habían dibujado una
isla de familias nucleares en un área tradicionalmente organizada bajo los
parámetros de la zadruga. Los términos de parentesco recogidos en el censo
no expresaban en ningún caso la existencia de estos grandes colectivos familiares.
Hay que decir –y esto es de vital importancia– que el documento referido se
hallaba escrito en latín por funcionarios imperiales y no en lengua eslava,
lo que llevó a Hammel y Wachter a sospechar que lo que en tal registro encontramos
es una traducción/adaptación a los términos latinos de realidades parentelares
eslavas que no tenían un acomodo terminológico directo. Así, se preguntan
los autores por las realidades etnográficas que subyacen en los términos de
parentesco y hasta qué punto son situaciones equiparables los significados
latinos con los eslavos, caso de términos como filius, filia, fratres,
soror etc.[37]
El cotejo de datos e informes
les sirve para desvelar los verdaderos contenidos de tales expresiones –lo
que entonces confiere valor real a tal censo–. Así, bajo la expresión filius
hemos de entender no solo los hijos, sino también los sobrinos, identificación
que se produce en la gran familia eslava del sur. Lo mismo sucede para el
caso filia, que englobaría a las hijas más las sobrinas. El término
fratres, que solo aparece en tres de los distritos occidentales recogidos
en el censo, parece quedar oculto en el resto de distritos por el de inquilini,
que es el término usado en los otros catorce distritos restantes, lo que vendría
de una inadecuada traducción de knechte, el hermano/s no herederos
que permanecen en casa del heredero. En estas regiones es usual encontrar
que se refieran a tales hermanos corresidentes como huéspedes, por tanto,
inquilini. A ello hay que añadir la interpretación de los hijos de
estos huéspedes como hijos (del cabeza del oustal), a las hijas de
los huéspedes, como hijas del cabeza del grupo. Continúan Hammell y Watch,
señalando que en los dialectos locales eslavos de la época se producía una
identificación entre los términos de siblings y los primos. Socialmente,
los primos varones del cabeza de la gran familia son considerados sus hermanos.
La última consideración
es al respecto del vocablo filia, ya identificado para hijas y sobrinas
anteriormente. Pues bien, no hay registro en el censo de hermana alguna,
y proponen ellos que se considere el sentido del término de “mujer soltera”,
para incluirlas en el de filia, todas las mujeres núbiles deberían
ser entendidas como “hijas del linaje”, sobre lo que hay alguna evidencia
indirecta a través de lo que más arriba llamamos fósiles linguísticos del
parentesco antiguo: el concepto de viuda. Todo lo cual cambia considerablemente
la información contenida en el censo de 1698.
Este problema de la interpretatio
consideramos que subyace igualmente en los restos que sobre cantabros y otros
pueblos nos han quedado. Por ello hemos de preguntarnos, como Hammel y Wachter,
si todo lo que se recoge en las lápidas indígenas con los términos familiares
en latín traduce correctamente la relación parentelar subyacente, si no quedarán
ocultos bajo usos genéricos relaciones diferentes en su grado de consanguinidad
que reciben idéntica clasificación terminológica, que esos hermanos son, por
ejemplo, primos o hasta sobrinos, –amén de la confusión de éstos con nietos
con el término nepos- lo que hace cobrar un matiz menos severo y oscuro
a la acusación de San Braulio. Igualmente la interpretación del avunculado
debe contemplar la posibilidad de una confusión terminológica y generacional
- las inscripciones podrían estar aludiendo no al tío materno sino al hijo
de este, dado que reciben el mismo término, o incluso una fórmula alternativa
al término suegro para el caso del marido, habida cuenta de la identificación
entre el avunculus y el padre de la esposa-.Todo lo cual, una vez más,
coincide en líneas generales con el sistema omaha.
Tomadas las dos fuentes,
la documental con Estrabón al frente, y la epigráfica, con todas las matizaciones
y reinterpretaciones posibles, las noticias no parecen ser tan contradictorias.
Nos dibujan un panorama de hombres de prestigio y mujeres respetadas, indicativo
del interés corporativo de estas gentes, donde los ritos renuevan la tradición
masculina sin menosprecio de aquéllas. El paisaje que estos datos dibujan
parece casar sin excesiva dificultad con los que conocemos de su posible ascendencia
indoeuropea y tienden a reforzar la hipótesis de un sistema de parentesco
como el que definimos para aquellos, con sus matrimonios preferenciales entre
primos cruzados –incestuosos-, extensión del grupo de hermanos clasificatorios
y equiparación terminológica de otros familiares.
[1] GARCÍA
GONZÁLEZ, J.J. 2001. “La cuenca de Miranda de Ebro en la transición de la
Antigüedad a la Edad Media”. En Francisco Javier Peña Pérez (coord.) Miranda
de Ebro en la Edad Media. Miranda de Ebro, Excmo. Ayuntamiento de Miranda
de Ebro. Págs. 29-126.
[2] Cruz
Andreoti, 1999. (coord.) Estrabón e Iberia: nuevas perspectivas de estudio.
Universidad de Málaga. Aquí, pág. 8.
[3] No
se debe obviar -a la hora de revisar las distintas propuestas y lecturas que
de los textos se han hecho- el que se han producido no pocas contaminaciones
y perpetuaciones de equivocados sentidos del original griego, GARCÍA QUINTELA,
M.V. 1990. "Sources pour l'ètude de la Protohistoire d'Espagne: pour
une nouvelle lecture critique", en Dialogues D'Histoire Ancienne,
17/1, pp. 61-103 y GARCÍA QUINTELA, M.V. 1991. "Les Peuples indigènes
et la conquete romaine d'Espagne", en Dialogue D'Histoire Ancienne,
16/2, pp. 181-210, llama la atención sobre esta cuestión, dado el habitual
método de trabajo basado en referencias indirectas en vez de acudir a los
textos originales. Para el caso español la reiteración sobre Schulten, García
Bellido, Bosch Gimpera y Caro Baroja, ha propiciado la ausencia de nuevas
propuestas. Si se comparan entre sí las distintas traduciones/interpretaciones
sobre los términos originales estrabonianos encontramos no pocas diferencias,
amén de curiosas malinterpretaciones, como es el caso mencionado por García
Quintela de la traducción de bouturwn por “graisse de porc” –manteca–, aun
cuando a nadie se le escapa que en griego bou es vaca y no cerdo (1991:67),
malentendido de importancia si tenemos en cuenta que se trata de un pueblo
que se dibuja fundamentalmente ganadero, posiblemente introductores de la
raza bovina autóctona llamada tudanca. Para mayor detalle de esta raza
bovina véase FERNÁNDEZ DE MATA, I. 1994. "Desarticulación de la estructura
social de un espacio rural altocantábrico. Breve visión de un proceso",
en Revista de Folklore, nº 148, pp. 111-116.
[4] TROTTA,
P. 1999. "Estrabón, el libro III y la tradición geográfica", en Cruz Andreotti,
G. (coord.) Estrabón e Iberia: nuevas perspectivas de estudio. Universidad
de Málaga. Pág. 91
[6] FERNÁNDEZ
DE MATA, I. 1995. "La Geografía de Estrabón. De la descripción etnográfica
a la interpretación antropológica", en Revista de Folklore, nº
178, pp. 111-114..
[7] Compartimos
plenamente la sugerencia de método que y GARCÍA QUINTELA, M.V. 1991. "Les
Peuples indigènes et la conquete romaine d'Espagne", en Dialogue D'Histoire
Ancienne, 16/2 en la pág. 97: "a) le recours au comparatisme, en
suivant les pas de J. Costa et en étant conscient des chagements qu'il y a
eu dans les diverses disciplines impliquées; b) l'emploi de modèles et de
thèories anthropologiques sûrs et dont la fécondité est prouvée; c) l'exam
critique des sources".
[8] Con
algunas diferencias de matiz en las traducciones: “festines con los parientes”
dice Mª José Meana, García Bellido “grandes fiestas familiares” y Lasserre
“banquets familiaux”.
[9] Tranoy,
A. 1981. La Galice romaine. Recherches sur la Nordouest de la Péninsule
Ibérique dans l’Antiquité. París. Aquí pág. 108.
[10]
«La referencia a la igualdad de sexos a la que aluden algunos textos no responde
a un primitivo sistema matriarcal, sino al hecho de que, entre algunos pueblos
bárbaros, hombres y mujeres desempeñen por igual todo tipo de labores. Así,
entre los isedones vecinos de los escitas las mujeres tenían los mismos derechos
que los hombres, y entre los vénetos de Germania las mujeres acompañaban a
los hombres a la caza y a otras tareas y tenían derecho a su parte del botín»
PERALTA LABRADOR, E. 2000. Los cántabros antes de Roma. Madrid, Real
Academia de la Historia. Aquí pág. 112. Datos sobre los que no es esquiva
la etnografía más reciente.
[11]
«De la noticia de Estrabón sobre cómo se casaban los cántabros podría deducirse
entonces que era un matrimonio patriarcal indoeuropeo que el geógrafo encontraba
parecido al de los griegos: el padre entregaba a la hija y ésta entraba en
la familia del marido al casarse. Las ceremonias de boda también habrían tenido
algún parecido a las del mundo griego». PERALTA LABRADOR, 2000:92
[12]
François Lasserre coincide con esta interpretación al traducir: “Les cérémonies
du mariage sont les mêmes que celles des Grecs”.
[13]
Existen notables ejemplos a este respecto. Así, como en otras comunidades
donde los hombres trabajan fuera de casa, las mujeres sardas desempeñaran
un mayor papel dentro de la familia que las sicilianas, pues en la economía
pastoral los hombres se instalaban muy a menudo en los campamentos de montaña.
Barbagli, M., 1991. “The household formation systems in eighteenth- and nineteenth-
century Italy”, en D. I. Kertzer y R.P. Seller, eds., The Family in Italy
from Antiquity to the Present, New Have. GOODY, 2001. La familia europea.
Barcelona: Crítica. Págs. 123-124, señala que «la función más sobresaliente
de las mujeres en la vida de Cerdeña se ha atribuido a la forma de vida pastoral,
en la que los hombres se ausentaban durante largas temporadas.»
[14]
«En las familias extensas, debemos examinar el matrimonio en el contexto de
los intereses de grupo. Los individuos sirven a los intereses de la familia
extensa. El grupo doméstico más extenso nunca pierde interés ni cede totalmente
sus derechos sobre las funciones productivas, reproductoras y sexuales de
los cónyuges e hijos de la pareja casada». HARRIS, M. 1987. Caníbales y
reyes. Madrid, Alianza Editorial. Pág. 244.
[15]
Como sucede en muchas sociedades de especialización guerrera y ganadera, el
prestigio vinculado al valor en el combate y desprecio del dolor, son altamente
valorados. No se pueden entender de otra manera las declaraciones de Estrabón
(III,4,8) cuando afirman que aquellos que habían sido hecho prisioneros por
los romanos, en el momento de ser crucificados entonaban cantos de victoria.
[16]
Bermejo, 1986. Mitología y mitos de la Hispania prerromana 2. Madrid,
Akal. Aquí págs. 36-37.
[17]
Es algo reconocido desde hace mucho tiempo por la antropología: «el elemento
común, aparte de la legalidad, que impone en todas partes una forma estable
y regulada de las relaciones sexuales, es la prestación de servicios mutuos
entre los cónyuges, según un reparto de tareas entre los sexos que no está
basado en imperativos fisiológicos». HERITIER – AUGÉ 1996. “Familia”, ”, en
Bonte e Izard (coords.) Diccionario de etnología y antropología. Madrid,
Akal, pág. 288.
[18]
Propuesta que en definitiva resulta de la aplicación directa de la teoría
de la alianza de Lévi-Strauss, «basada en la teoría del intercambio, trata
la alianza como un hecho de comunicación: el principio de reciprocidad rige
cualquier unión matrimonial, de modo que el intercambio pone a los grupos
en relación permanente, y que las mujeres, igual que los bienes y las palabras,
circulan entre los hombres.» COPET-ROUGIER, E. 1991. “Alianza”, en BONTE e
IZARD, op. cit.
[19]
PERALTA LABRADOR, 2000:93
[20]
Situación que recuerda a la descrita en el texto bíblico (Génesis, 28 y 29)
de Jacob, quien va a buscar esposa a casa de Labán, hermano de su madre (Rebeca),
pues no debía tomar «mujer de entre las hijas de Canán». Y así, al encontrarse
a su prima cruzada Raquel –que llevaba el ganado a beber–, le hizo saber «que
era hermano de su padre e hijo de Rebeca, y ella corrió a contárselo a su
padre. En cuanto oyó Labán lo que de Jacob, hijo de su hermana, le decía,
corrió a su encuentro, le abrazó y le besó y le llevó a su casa». Cuando éste
le pide la mano de su hija, responde Labán «mejor es que te la dé a ti que
dársela a un extraño». Una sociedad de ganaderos de filiación patrilineal.
[21]
GOODY, 2001:58 «La mayor parte de las sociedades patrilineales y cognaticias
asignan un rol especial al tío materno. Desde que disponemos de algunos datos
sobre los germanos, la herencia era resueltamente agnaticia, recayendo primero
en los hijos, luego en los hermanos y los «tíos». Esto iba a cambiar con el
cristianismo.»
[22]
Szmerenyi, O. 1977. "Studies in Kinship terminology of IndoEuropean Languages,
with especial references to Indian Iranian, Greek and Latin", en Acta
Iranica, 3ª serie, VII, Leiden, niega las conclusiones de Benveniste
y propone para los indoeuropeos primitivos la existencia de un sistema omaha
de tipo complejo.
[23]
«Eodem igitur anno, quadragesimae diebus, reuelatur ei, etiam, excidium Cantabriae.
Unde, nuntio misso, iubet ad diem festum paschae senatum eius praesto esse.
Ad praestitum conueniunt tempus. Narrat ille quod viderat. Scelera eorum,
caedes, furta, incesta, uiolentias, ceteraque uitia increpat. Penitentiam
ut agant pro his omnibus praedicat» VAZQUEZ DE PARGA, L. 1943. Sancti Braulionis
Caesaraugustani episcopi Vita Sancti Emiliani. Edición crítica. Madrid.
Consejo Superior de Investigaciones Científicas / Instituto Jerónimo Zurita.
Pág. 34.
[24]
Goody 2001:40. Nosotros consideramos que la acción de la Iglesia viene a insertarse
en un movimiento de contracción familiar anterior a ella misma, pero al que
se amolda a la perfección proporcionando el necesario aparato superestructural
[26]
Str. III.3.7. García Bellido: “a los criminales se les despeña, y a los parricidas
se les lapida, sacándolos fuera de los límites de su patria o su ciudad”,
pág. 122
M.J. Meana: "a los condenados a muerte los despeñan
y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos", pág.
86
Laserre: "On lapide les parricides, mais loin des montagnes
et des cours d'eau.", pág. 58. Estas dos autoras muestran los límites territoriales
marcados por accidentes naturales.
[27]
Para algunas semejanzas y particularidades jurídicas grecolatinas, véase Bermejo,
1986:30-31.
[28]
Tal y como señalan VELASCO MAILLO, H.M. y DÍAZ DE RADA, A. 1997. la
lógica de la investigación etnográfica. Un modelo de trabajo para etnógrafos
de escuela. Madrid, Editorial Trotta, pp. 41-72, la elaboración de los
datos antropológicos pasa por varias etapas, definidas como «describir, traducir,
explicar, interpretar». De lo concerniente al problema que aquí tratamos,
la traducción de una realidad etnográfica, encontramos que tal traslación
parte condicionada por los datos cultural-lingüísticos que el traductor maneje,
en este caso del latín. Surgen graves problemas cuando al traducir no se capta
el contexto de situación y el contexto cultural nativo demandado por Malinowski,
es decir, cuando la traducción no se convierte en un proceso de elaboración
de datos entremezclados con la descripción.
[29]
CIL II, 5708 = ECHEGARAY, pág. 293, nº 13: M(onumentum) Abionnio Taurino,
Doideri f(ilio), Vad(iniensi), annorum XXX. H(ic) s(itus) est). Placidus av(u)nculi
s(uo) po(suit). H(ic) s(itus).
CIL II, 5720 = CML, p.243 = ECHEGARAY, p.295, nº 20:
M(onumentum) Virono Tauro, Doideri f(ilio), Vad(iniensi), annorum XL.H(ic)
s(itus) e(st). Placidus av(u)nculi s(uo) pos(uit).
CIL II, 5713 = ECHEGARAY, p.293, s.nº 15: D(iis) M(anibus).
Cangilius Virono au(u)nculo suo, Seisami f(ilii), Va(diniensis), an(norum)
XXXV. H(ic) s(itus) e(st).
CIL II, 5716 = CML, p.42 = ECHEGARAY, p.294, nº 16:
[M](onumentum) Manili(i) Arav(um), Elani(i) f(ilii), Va(diniensis) annorum
XXX. Cadus av(u)nculo suo p(osuit). H(ic) s(itus) e(st).
CIL II, 5718 = CML, p.42 = ECHEGARAY, p.294, nº18:
M(onumentum) Neconi(s) Boddegun, Loancinis fil(ii), Va(diniensis), an(norum)
XXI. Aurelius Pro(culus) posu(it) av(u)n(culo) suo muniment(um).
[30]
CML, p.45 = ECHEGARAY, p.297, nº 28: Iunius Aravu(m), Abili(i) f(ilius), Vad(iniensis),
an(norum) XX... H(ic) s(itus) e(st). Nepotes uie posierun(t). PERALTA LABRADOR,
2000:97, señala que, «según Benveniste, el indoeuropeo nepot ("sobrino,
nieto") en eslavo, en germánico y en celta hacían alusión al hijo de la hermana,
por lo que habría que relacionarlo con el tema del avunculado. Sin embargo,
las estelas cántabras dedicadas por sobrinos a sus tíos no especifican si
éstos últimos eran paternos o maternos».
[31]
BERMEJO CASTRILLO, M.A. 1996. Parentesco, matrimonio, propiedad
y herencia en la Castilla altomedieval. Madrid, Universidad Carlos III-Boletín
Oficial del Estado. Pág. 178.
[32]
CIL II, 6299 = ECHEGARAY, p. 311, nº 76: D(iis) M(anibus). Aninus puosui Annae
Caledig(a)e, materter(a)e pia, qu(a)e vicisit annis LXXX. D(iis) M(anibus).
Anius, filius Dovidenae Caledig(a)e, matri pienti(s)sim(a)e quae vixsit annis
XXV. Aninus indulgenti(s)imis posuit. Echegaray observa que la gran diferencia
de edad existente entre ambas, madre y tía, hace que ésta última deba ser
considerada la tía abuela.
[33]
CIL II, 6302 = ECHEGARAY, p. 312, nº 78: D(iis) M(anibus). Anna a(vu)ncul(o)
suo Ae(lio) Sextiniano memoriam posiu(i)t a(n)norum XCV.
[34]
No hemos querido hacer referencia en esta ocasión a la larga inquisición sobre
el significado de ciertos signos epigráficos q, o las distintas interpretaciones
de los genitivos de plural, de los que consideramos una feliz explicación
la dada por GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, 1986. Coincidimos en nuestras sospechas con
PERALTA LABRADOR, 2000:119: «lo que los autores greco-romanos y los propios
indígenas latinizados denominaron con términos como syngéneia, cognatio,
gentilitas, gens o genitivos de plural, habría sido una única
realidad indígena: la naturaleza de estas organizaciones indígenas, los términos
de parentesco que utilizan sus miembros, el número de personas que las componen
y el culto interno a los ancestros que practican, coinciden plenamente con
lo que conocemos como “gran familia” patriarcal indoeuropea».
[35]
Iglesias, 1976, nº 99: M(onumentum) / Ambato Param/onis f(ilio) Vad(iniensi)
an(norum)/ XXX. Origenus / cognato suo / p(osuit). H(ic) s(itus) e(st).
[36]
HAMMEL, E.A. and WATCHER, K.W. 1996. “The Slavonian Census of 1698. Part I:
Structure and Meaning. European Journal of Population. June 1996 -
Vol. 12, Number 2, pp. 145-166.
[37]
Ibidem «Were the kinship terms employed to designate persons defined by the
inmediate genealogical denotation of the Latin words? Were the Latin words
glosses on Slavic kinship terms but still interpretable in a narrow genealogical
context? Were the Latin words, on the other hand, convenient glosses for socially
defined categories? In other words, does filius mean precisely a child
of the head, or does it mean a lineally related male member of the household
one or more generation below that of the head of household, or even just a
junior male? Does fratres mean exactly a male child with the same parents
as the head, or any collateral male relative of the same generation as the
head? Does filia mean a female relative analogous to filius in any
of the senses given above for filius, or can it also mean any unmarried
female in the house who is a jural minor, thus including persons that would
have been listed as soror (sister) if that word had been used anywhere
in the census?».
|
|